MIQUEL LLOBET I SOLÉS

(Barcelona, 18 de octubre de 1878 – 22 de febrero de 1938)
Guitarrista y compositor catalán

Hijo de un reconocido tallista, Miguel Llobet empezó por estudiar dibujo y pintura con el artista Torres Casana. Aunque siempre mantuvo una gran afición por el dibujo, llegando incluso a exponer algunas obras, pronto dirigió sus esfuerzos hacia la guitarra. Recibió sus primeras lecciones de un profesor local, Magín Alegre, a quien fue presentado por Jaumet de las Coplas, un humilde cantaor y tañedor del instrumento. Fue Magín Alegre quien, el 18 de diciembre de 1889, le llevó a un concierto de Antonio Jiménez Manjón, el ciego virtuoso de la guitarra, y quien, en octubre de 1892, le presentó a Francisco Tárrega en la Casa de los Guitarristas. Todo esto le llevó a matricularse, a los dieciséis años, en el Conservatorio Municipal de Barcelona, aunque Llobet puede considerarse, ante todo, autodidacta. En el conservatorio estudió durante algún tiempo con Tárrega, siendo sus compañeros durante aquellos años Pablo Casals, Emilio Pujol, Ricardo Viñes y Gaspar Cassadó.

En 1899 conoció a Concepción Jacoby, admiradora y protectora de Tárrega, que le llevó a Málaga, donde consiguió un gran triunfo en la Sociedad Filarmónica, entidad que luego le nombraría maestro honorario, al igual que había hecho con Juan Parga. La señora Jacoby también le llevó a la Exposición de París.
Terminó sus estudios en el conservatorio en 1901, y en 1903, alcanzada ya cierta fama nacional, efectuó una gira, en la que llegó a tocar para la familia real en Madrid. Las limitadas posibilidades que le ofrecía España hicieron que en 1904 se trasladará a París. Allí Ricardo Viñes le presentó en su primer concierto en el extranjero, que tuvo lugar en el Salón Washington Palace el 26 de enero de 1905. Aquel año actuó también para la Société Nationale de la Trompette y para la Schola Cantorum con inmenso éxito.

Muy solicitado en veladas privadas, daba también clases de guitarra, sobre todo a ricas familias sudamericanas residentes en la capital francesa. Sin embargo, durante su estancia en París nunca llegó a dar un concierto en solitario, sino que siempre compartió programa con otros artistas, cosa que repercutió en poca demanda de repertorio. Durante estos años dio muchos conciertos en Europa y hasta tocó en Inglaterra. Un éxito especial tuvo su concierto ofrecido en Amberes en 1905.
En 1909 se le invitó a formar parte del jurado del Concurso Internacional de Guitarra y Mandolina de Boulogne. Fue también por estos años cuando conoció a Paul Dukas, Maurice Ravel, Claude Debussy e Isaac Albéniz, y estableció una amistad duradera con Manuel de Falla, con el que compartió varios programas en salas parisinas.

En 1910 realizó la primera de sus numerosas giras por Argentina. Volvió en 1912, amplió la gira a otros países sudamericanos y continuó hasta Estados Unidos; en octubre actuó en Boston y Filadelfia y recibió críticas entusiastas. Después volvió a París y se estableció en un estudio de la calle Demors, donde dio clases privadas. Realizó una gira por Holanda y Alemania, y en 1913 se publicaron dos de sus composiciones en Múnich.
La primera guerra mundial le sorprendió en Alemania y decidió entonces emprender ventajosas giras por América. Visitó Estados Unidos en dos ocasiones, 1916 y 1917, año en que actuó en Nueva York. La escasa actividad concertística en Europa a causa de la guerra hizo que pasase grandes temporadas en España, donde en 1915 conoció a Andrés Segovia.

Volvió a Argentina en 1918, contratado por Juan Carlos Anido, aficionado del instrumento y empresario fundador de La Guitarra, revista que editó muchas composiciones y arreglos de Llobet. Durante la década de 1920 dio más conciertos en Argentina, donde también impartió clases, y a partir de 1925 formó un dúo con una de sus alumnas, María Luisa Anido, hija del empresario antes mencionado. Según el historiador de la guitarra Domingo Prat, sus repetidas visitas a Argentina inspiraron cada vez menos entusiasmo, cosa que atribuye al hecho de que Llobet sólo mostraba virtuosismo.
Durante los años posteriores a la primera guerra mundial Llobet realizó varias giras por Austria y Alemania, país que ofreció entonces grandes oportunidades a los guitarristas.

En la década de 1920 varios compositores le dedicaron sus obras. La más significativa de ellas fue el Homenaje (pour le tombeau de Claude Debussy) de Manuel de Falla, escrita en 1920 y revisada y digitada por ambos artistas al año siguiente.
Esta pieza hizo que otros compositores como López-Chavarri, Barberá, Larnote de Grignon y Broqua le dedicaran obras. En esta época formó parte del comité artístico del Concurso Internacional de Guitarra y Mandolina que, bajo la presidencia de Mascagni, tuvo lugar en Florencia en 1921.
En abril y mayo de 1924 contactó con Ravel y Stravinski en Barcelona, su lugar de residencia.

En 1925 hizo unas grabaciones eléctricas, siendo quizás el primer guitarrista que se grabase así, seguidas de otras a dúo con María Luisa Anido en 1930. Este mismo año ofreció un recital con la cantante Nina Kochitz en la Biblioteca del Congreso de Washington, donde dio a conocer sus famosas transcripciones de las Siete canciones populares españolas de Falla. En 1934 emprendió su última gira larga por Europa. Hacia 1936, al comienzo de la guerra civil española, problemas de salud le obligaron a reducir notablemente sus actividades.
Miguel Llobet fue el primero y uno de los más grandes virtuosos guitarristas del siglo, y quizás el primero de una escuela moderna de interpretación en el instrumento. Sus estudios con Tárrega terminaron en 1902, cuando el viejo maestro ya había cambiado de uñas a yemas, pero Llobet siguió usando uñas a lo largo de toda su vida. No obstante, en un artículo publicado en París en 1910, ya muerto Tárrega, destaca las composiciones y el modo de tocar de su antiguo mentor.

El gran crítico Adolfo Salazar le consideraba no sólo el guitarrista más importante de su generación, sino también el que más hizo para aumentar el repertorio guitarrístico, a través de las transcripciones de las obras de sus compatriotas Albéniz, Granados y Falla y de piezas decimonónicas de españoles y extranjeros.
Presentó estrenos de nuevas obras de Héitor Villa-Lobos, Manuel Ponce, Manuel de Falla, López-Chavarri y Lamote de Grignon. Sus trabajos en dúo con María Luisa Anido, quizás el primer dúo serio de la historia del instrumento, dieron transcripciones magistrales de su pluma, además de nuevas obras para este medio, como la Romanza de Eduardo Torres.

Su modo de tocar fue elogiado universalmente, aunque Prat, algo injusto, le acusa de un virtuosismo dirigido a los gustos bajos del público. A veces sus digitaciones pueden parecer retorcidas desde la perspectiva moderna, pero en gran parte estaban regidas por su búsqueda de distintos timbres y colores, además de estar condicionadas por su instrumento con cuerdas de tripa.
Su manera de tocar y sus composiciones no deben tanto a los estilos del flamenco como los de sus predecesores Arcas y Parga, y tienen un uso limitado del rasgueo, evitándolo aun en su trascripción para dos guitarras de la “Danza del molinero” de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, pieza que imita este efecto guitarrístico.

Aunque Llobet vivió principalmente como concertista, también impartió clases, tanto en París como en Argentina. Sus alumnos más importantes, María Luisa Anido y José Rey de la Torre, fueron producto de sus largas estancias en Buenos.Aires. Sin ser uno de sus discípulos directos, es indiscutible la influencia que Llobet ejerció sobre Andrés Segovia, que se percibe sobre todo en el aspecto estilístico.
Aunque Llobet supo proyectar la guitarra en todo el mundo a través de sus giras y grabaciones, este papel se ha olvidado por la labor posterior de Segovia.
También es relevante en el sentido pedagógico su revisión de los estudios de Carcassi. La contribución más original de Llobet en sus composiciones guitarrísticas son, sin duda, las armonizaciones y arreglos de canciones populares catalanas, que permanecen todavía en el repertorio.

Emilio Pujol decía con razón que son las piezas de guitarra más avanzadas compuestas entre fines del s. XIX y comienzos del s. XX y en ellas se nota el conocimiento que Llobet tenía de la práctica armónica tardorromántica.
En su correspondencia con Falla quedan pruebas de sus amplios conocimientos de la música que le fue contemporánea, mostrando interés por el Verdi tardío y Richard Strauss así como por Ravel y Stravinski.
Su estilo y gustos no fueron, sin embargo, modernistas en su concepción, y no quedan rasgos de tal tendencia en sus composiciones posteriores.

Continuó con sus trabajos esporádicos de composición a lo largo de su vida y sus obras se editaron en diversos medios. Estas obras incluyen estudios y preludios, además de piezas de salón como Romanza, Mazurka, Scherzo-vals y unas variaciones sobre un tema del gran guitarrista catalán del s. XIX Fernando Sor. La más completa edición de sus obras y transcripciones (para una y dos guitarras) se encuentra en The Guitar Works of Miguel Llobet, compilado por Ronald Purcell (Heidelberg, Chanterelle, 1989).
En la actualidad, sus restos descansan en el Cementerio de Poblenou de su ciudad natal. Durante 58 años estuvo desaparecido pero en el 2006, el Cercle Guitarrístic a Catalunya descubrió su actual ubicación y son los encargados de su mantenimiento. Cada año se rinde un homenaje durante el Certamen Internacional de Guitarra de Barcelona, el cual lleva su nombre y hoy día es conocido como el Certamen Llobet.